Declaración de intenciones

Antes de nada daros la bienvenida a este modesto Blog.
Bueno compañeros, como veis, aquello que se inicio como una conversación de chigre entre dos amigos, continuó con diversos contactos y reuniones de gente con voluntad y comprometidos con nuestra memoria y raíces, ha transformado aquel proyecto de recuperar lazos en una realidad.
Nuestro sueño es, con todo el respeto y la humildad, seguir siendo la voz unida de todos los mineros del Pozo Tres Amigos, nuestro pozo, de aquellos que no renuncian a su pasado, pero tampoco al porvenir.
Y es que las cuencas mineras padecen la peor de las enfermedades que nuestro trabajo podría producir, la enfermedad degenerativa del olvido y el abandono. Algunos habitantes de las cuencas recordamos con nostalgia, los tiempos en los que el carbón era el modo de vida de casi todo el mundo, y los mineros “éramos una raza única e irrepetible”. Por eso es por lo que queremos mantener la memoria, las vivencias, nuestros recuerdos….. una parte muy importante de nosotros mismos, de nuestra vida.
Así que ya sabéis, disfrutad del Blog y animaros a contactar y trabajar con nosotros para mejorar, para animarnos, para criticarnos, para enviarnos fotos o documentos, etc, todo ello a través del siguiente correo electrónico
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domingo, 18 de marzo de 2012

Las huelgas del 62, la luz que nació en las minas asturianas y que iluminó a toda España



Como decíamos en el anterior reportaje, la historia de la minería asturiana va mucho más allá del puro trabajo de extraer carbón. Sus páginas están escritas con la sangre, el sudor y las lagrimas de muchos mineros y de sus familias. Y que mejor ejemplo de ello, que las huelgas en las que los mineros de Asturias, condicionados por la dureza del trabajo en las minas, dieron ejemplo a todos los trabajadores de cómo hay que empuñar su mejor arma en la lucha contra el fascismo: la huelga.
Aquel germen que surgió un día de abril en Nicolasa, se fue extendiendo a las demás minas, primero del Caudal, luego del Nalon y posteriormente de toda Asturias, de una forma totalmente pacifica que desconcertó e hizo tambalearse a todo el sistema represor: empresarios, sindicato vertical, fuerzas policiales, miembros de los gobiernos, e incluso, y porque no decirlo, al fascismo en España. Y es que bastaba un gesto, un comentario, para provocar el paro; los mineros acuden a su centro de trabajo, se cambian en el cuarto de aseo, recogen su lámpara y, con normalidad aparente, se dirigen a su puesto de trabajo para, entre el mayor mutismo, proceder a abandonarlo sin realizar labor alguna, y todo ello dentro de un clima ya caldeado por las noticias que dan cuenta de lo que está sucediendo en otros pozos, en la cuenca vecina o en las comisarías, y por las informaciones que llegan a través de las ondas radiofónicas, principalmente las emisiones de Radio España Independiente –la omnipresente Pirenaica- pero también Radio París, la BBC y otras de onda corta con programas en castellano. La emisora que el PCE tiene instalada en Bucarest se convierte en un medio de agitación fundamental, hasta el punto de ser considerada por los servicios policiales como la más escuchada e influyente.
Los esfuerzos policiales por identificar a los responsables e instigadores de la huelga chocan con el predominio de las formas colectivas de extenderla. Los liderazgos que indudablemente existen se apoyan en valores compartidos por la gran mayoría y recurren para transmitir la voluntad de sostener la huelga a códigos conocidos por todos, lo que les permite diluirse en la masa y minimizar los riesgos de un excesivo protagonismo individual. La fuerza extraordinaria que tienen estos códigos obreros de solidaridad de clase acentúan el carácter pacífico de la huelga, puesto que las presiones sobre los que no la secundan no precisan de la violencia: basta poner de manifiesto su cobardía o su falta de solidaridad.
Las fuerzas represivas andan desatadas. Se practican numerosos registros domiciliarios, generalmente nocturnos, cacheos, citaciones en comisarías y cuartelillos, un constante patrullar de uniformados, la imposición del toque de queda, la retirada de armas y escopetas de caza y, en general, cuantas medidas intimidatorias son juzgadas convenientes. Se efectúan cientos de detenciones: primero comenzaron por los mineros jóvenes pensando, quizá, que eran ellos el alma de la huelga. Se los llevaban individualmente a altas horas de la noche, los apaleaban brutalmente para que dijeran quiénes eran los que dirigían la huelga. Dos o tres días más tarde los ponían en libertad. Posteriormente detienen también a mineros viejos, igualmente de noche, que, en numerosos casos, son apaleados lo mismo que los jóvenes. A algunos les han desfigurado; hay quien se resentirá mucho tiempo de los golpes, y puede ser que toda la vida.
Nuestra pancarta en una concentración
delante de las oficinas del Hotel Navarra
Dan palizas brutales y después dejan a los apaleados en la calle para que los demás huelguistas comprueben en ellos lo que les espera si no se reincorporan al trabajo. Pero la represión no se quedaba solo en los mineros, el minero está acostumbrado, el minero sabe cuándo entra a trabajar, pero nunca cuándo saldrá de la mina, o si saldrá... sino que afectaba de pleno a las familias, también a quienes desde los hogares mantenían el espíritu y la cohesión de grupo y que si se hacia necesario tomaban la calle o los centros de trabajo para acabar de paralizarlos, allí donde había esquiroles sembraban su camino de granos de maíz para llamarlos gallinas hasta conseguir que se unieran a los demás: las mujeres. Ellas fueron también odiosamente maltratadas: insultos, palizas, les cortaban el pelo al rape... Después quedaban detenidas.
Y pese a todo, y en medio de un estado de excepción expresamente decretado para atajar las huelgas, cuando se producen deportaciones de mineros (126) que están siendo concentrados en Valladolid, la resistencia no cede, para desconcierto de los responsables policiales. En el transcurso de la huelga, se produce un total de 395 ingresos en prisión, además de aquellos que fueron retenidos en comisaría menos de 72 horas, sufriendo como hemos dicho, siempre malos tratos, y mas de 200 despedidos.
Algunos comentarios de los representantes del poder fascista dan cuenta de su estado de animo y de sus pensamientos: en el sumario abierto por sedición con motivo del conflicto, el gobernador civil calificó de "subversiva" la actitud adoptada por los mineros, tanto por afectar negativamente a la economía nacional, como por "mermar indudablemente el principio de autoridad tanto del Gobierno como de sus agentes". "Parece mentira, con la limpieza de comunistas que hemos hecho y todavía queda raíz" así se asombraba un coronel fascista que presidía el juicio militar a uno de los mineros que participaron en la huelga de 1962. 
Nuestros compañeros en otra de
las muchas manifestaciones en
que nuestro Pozo estaba presente
Y por ese minúsculo hueco que se abrió en el bloque grisáceo de la dictadura, irrumpió la furia silenciosa de cuantos querían democracia y libertad, irrumpió una luz que alcanzó e ilumino todos los rincones de España, la llama de esa lámpara la encendieron los mineros en Asturias, luchando ante todo por su dignidad.
Parafraseando lo que se escribe en la contraportada del libro de Gerardo Iglesias Por que estorba la memoria, libro que desde aquí os recomendamos, “muchos podrán preguntarse si valió la pena que los mineros y las familias que se involucraron en la lucha contra la dictadura sufrieran tanto”. La respuesta hay que buscarla en esta otra pregunta que desde este blog dejamos en el aire, porque pensamos que está de total actualidad: ¿no sería lamentable, y a la larga mucho peor, si nadie se rebelara cuando los políticos, los mercados, el capital, el sistema, etc. arrebatan la libertad, la dignidad, los derechos y, porque no decirlo, el pan a todo un pueblo, para tomar en propiedad el país entero, la democracia? ………….
Se aceptan opiniones, pero no dejemos de sentirnos orgullosos de la lucha de la clase obrera, de lo conseguido por los mineros, orgullosos de ser mineros y del lugar inolvidable que ocupamos en la historia de la España moderna.


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